ABRE ESA VENTANA QUE QUIERO VER EL MAR

Dicen que esa fue la última petición de Rosalía de Castro antes de morir, y eso es lo que hacemos cada día en el Restaurante Terra Galega de Tembleque, abrir una ventana directa al mar.

Lo sabemos, desde La Mancha no podemos ver el mar, pero podemos olerlo, sentirlo y saborearlo.

Y tocarlo, con nuestras propias manos.

Y escucharlo, solo tienes que cerrar los ojos bien fuerte.

El responsable del proyecto nació en Cedeira, una pequeña villa costera de marineros, situada en las Rías Altas. Cuentan las leyendas que los hombres y mujeres que nacen y viven en esta costa fueron en sus orígenes hijos de las ballenas y los peces.

Conocen los secretos del mar y de sus habitantes. Los llevan grabados en su instinto.

Allí, entre aparejos de pesca, acantilados de más de 600 metros de altura y paseos en bicicleta, creció viendo cómo su abuela aprovechaba lo que ese mar bravo, y sobre todo generoso, ponía encima de su mesa y, siguiendo la tradición que había recibido a su vez de su madre y de su abuela, enseñaba a una nueva generación, todos los secretos de la cocina gallega, casera, cuidada y cercana.

Familiar.

Cuando las mareas de la vida trajeron a ese joven a la Mancha, encontró en Tembleque el lugar perfecto, tranquilo, acogedor y auténtico que buscaba.

Ya no podía ver el mar, pero no le hacía falta porque lo llevaba dentro. El mar, sus olores, sus sabores, su esencia y las recetas de la abuela.

El mar de Tembleque tenía colores pajizos y reflejos dorados. Las lonjas se habían convertido en molinos de viento, y en el horizonte, recto y lejano, las espadañas de las Iglesias hacían las funciones de los viejos faros.

Ese sería su nuevo mar que, poco a poco, al chup-chup, acabaría formando parte de su esencia de la misma manera que su añorado océano.

Así empezó a cocinar para sus más allegados en reuniones familiares y en comidas para amigos, sin pretensiones, por puro placer, por amor a su tierra y a su mar.

Y subió la marea.

Lo que comenzó siendo una manera de aplacar su morriña, acabó convirtiéndose en un proyecto familiar. Una manera de honrar a sus antepasados y de poder mirar al mar cada día por su ventana.

Y eso es lo que ofrecemos en Terra Galega, tradición, cercanía, sabor y un producto que conocemos porque somos hijos de las ballenas y los peces.

Y como dice el refrán refiriéndose al vino (qué bo alimento),

Reservas:
+34 925 96 13 13